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Día del maestro: poner el corazón

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Hay personas que trabajan de teachers y hay personas para quienes ser teacher se convirtió en una parte de quienes son. La diferencia está en todo aquello que la profesión fue transformando con el tiempo. Con el tiempo, ser teacher empieza a formar parte de la propia historia, de las experiencias que nos marcaron y de las cosas que aprendimos junto a nuestros alumnos.

La vocación aparece muchas veces en pequeños momentos. En la curiosidad que invita a seguir preguntándose cosas, buscando, aprendiendo, probando. Cada grupo, cada alumno y cada clase pueden abrir una nueva pregunta y obligarnos a revisar aquello que creíamos saber. También aparece en las ganas de encontrar una nueva forma de explicar algo. En ese libro que descubrimos y enseguida imaginamos en manos de nuestros alumnos. En una conversación que nos deja pensando durante todo el día. En la satisfacción de ver cómo alguien finalmente comprende algo que hasta ese momento parecía imposible. En todos esos momentos en los que sabemos que ponemos el corazón.

Con los años, la profesión también nos enseña a observar. Aprendemos a escuchar una respuesta más allá de las palabras, a reconocer diferentes ritmos, a descubrir intereses inesperados y a entender que una misma propuesta puede generar experiencias completamente diferentes. Esa mirada suele acompañarnos mucho más allá del aula. Puede aparecer cuando recomendamos una lectura, cuando descubrimos una actividad, cuando conocemos una historia interesante o cuando encontramos una manera diferente de explicar algo que nos apasiona.

Ser teacher también implica aprender a correrse cuando hace falta. La vocación encuentra su lugar junto con otros espacios de la vida, con el descanso, los vínculos, los proyectos personales y todo aquello que nos permite seguir creciendo. Cuidar esos espacios también forma parte de cuidarnos a nosotros mismos y a la profesión.

Hay etapas en las que estamos frente a un curso todos los días y otras en las que el aula queda un poco más lejos. Algunas personas vuelven después de muchos años. Otras encuentran nuevas formas de enseñar desde otros lugares. La experiencia permanece y sigue encontrando maneras de aparecer.

Quizás por eso hay algo tan difícil de explicar en quienes llevan muchos años enseñando. La profesión deja preguntas, recuerdos, anécdotas y una forma particular de relacionarse con el conocimiento y con los demás. Deja en cada uno de nosotros una parte de lo enseñado y aprendido, de las pequeñas victorias y de lo que podríamos hacer mejor la próxima vez, que siempre llega. Del primer día lleno de caras expectantes, de las despedidas llenas de emociones y de lo que recorrimos juntos en el medio. 

Este Día del Maestro queremos celebrar justamente eso. La elección de enseñar, la curiosidad que mantiene viva esa elección y todas las experiencias que hacen que ser teacher termine convirtiéndose en una parte importante de nuestra historia.

 

¡Felicidades!