Hay historias que parecen haber estado siempre con nosotros. Una joven que debe superar una prueba, un bosque que esconde peligros, un hechizo que cambia el destino de un personaje, una criatura mágica, un objeto con poderes extraordinarios o una transformación que abre el camino hacia una nueva vida. Muchas de estas imágenes forman parte de lo que asociamos con los cuentos de hadas, aunque definir exactamente qué es un fairy tale resulta bastante más interesante de lo que parece.
Los cuentos de hadas tienen sus raíces en una larga tradición de relatos orales que circularon durante generaciones y en distintas culturas. Antes de llegar a los libros, estas historias se contaban, se modificaban y se adaptaban según quién las narraba y quién las escuchaba. Quizás por eso muchas personas tienen algún recuerdo relacionado con estas historias. En mi caso, durante muchos años conservé una pequeña colección de tres libros que me había regalado mi abuela y que todavía guardo hoy: Cuentos de Andersen, Cuentos de Grimm y Cuentos de Perrault. Tres libros que, sin saberlo entonces, me acercaron a tres autores fundamentales para entender la historia de los cuentos de hadas tal como los conocemos.
Con el tiempo, muchas de estas historias fueron recopiladas y escritas por autores como Charles Perrault, los hermanos Grimm y Hans Christian Andersen, aunque cada uno lo hizo desde contextos, épocas y tradiciones diferentes.
El nombre puede llevarnos a una primera confusión. Un cuento de hadas no necesita tener un hada. De hecho, muchas de las historias que consideramos fairy tales no incluyen ninguna. Lo que las caracteriza tiene más que ver con la presencia de elementos extraordinarios, transformaciones, personajes arquetípicos, situaciones imposibles y mundos en los que lo maravilloso puede convivir naturalmente con lo cotidiano.
También suelen aparecer estructuras que reconocemos casi inmediatamente. Un personaje debe enfrentarse a una dificultad, emprende algún tipo de recorrido, encuentra obstáculos y recibe ayuda o descubre recursos que le permiten avanzar. El bosque, la casa, el castillo, el objeto mágico o el personaje que aparece inesperadamente pueden funcionar como escenarios y elementos que impulsan la historia.
Quizás una de las razones de su permanencia sea que, detrás de la magia y de los acontecimientos extraordinarios, aparecen conflictos que todavía reconocemos. Los personajes sienten miedo, desean algo que parece imposible, enfrentan pérdidas, buscan su lugar, sienten celos, toman decisiones equivocadas, se enfrentan al poder o necesitan encontrar el valor para cambiar su situación.
Esa combinación entre lo extraordinario y lo reconocible permite que los cuentos de hadas puedan ser reinterpretados una y otra vez. Una historia escrita hace cientos de años puede seguir generando preguntas porque sus personajes enfrentan emociones y conflictos que todavía forman parte de nuestras experiencias.
Además, los cuentos de hadas no permanecieron iguales. Cada época los volvió a contar de una manera diferente, modificando personajes, escenarios, finales y puntos de vista. Esa capacidad de transformación forma parte de su riqueza literaria y permite preguntarnos qué cambia cuando una misma historia es contada por personas diferentes o para lectores de otra época.
La pregunta puede generar una muy buena conversación en el aula. Harry Potter comparte muchos elementos con los cuentos de hadas tradicionales, como la magia, las criaturas extraordinarias, los objetos encantados, las pruebas, los héroes y los antagonistas. Sin embargo, no suele clasificarse como un fairy tale tradicional, sino como literatura fantástica.
¿Y qué pasa con The Chronicles of Narnia? También encontramos magia, criaturas extraordinarias, un mundo diferente al cotidiano, personajes que deben atravesar pruebas y una clara presencia de elementos maravillosos. Sin embargo, al igual que Harry Potter, pertenece a otra tradición literaria.
La diferencia permite pensar en los límites de un género. Una historia puede tomar elementos de los cuentos de hadas sin pertenecer necesariamente a ese género. La presencia de magia, por sí sola, no alcanza para convertir una historia en un fairy tale.
Y ahí podemos volver a las hadas y los magos. Que una historia tenga un hada como protagonista, como ocurre con Tinker Bell, tampoco significa automáticamente que sea un cuento de hadas. Del mismo modo, la presencia de magos, hechizos o criaturas mágicas puede acercar una historia a ese universo sin definir por sí sola el género.
Una actividad muy interesante para trabajar con fairy tales puede ser observar qué sucede cuando una historia cambia. Podemos modificar un hecho, transformar a un personaje, cambiar lo que hace o dice, introducir un nuevo elemento o alterar una decisión y, a partir de allí, abrir nuevos abanicos de posibilidades. Al estilo de Elige tu propia aventura, un mismo comienzo puede dar lugar no solamente a muchos finales diferentes, sino también a recorridos completamente distintos para llegar hasta ellos. ¿Qué habría pasado si Caperucita hubiera tomado otro camino? ¿Y si el personaje que aparece para ayudarla no hubiera llegado? ¿Qué nuevas situaciones surgirían si una decisión aparentemente pequeña cambiara toda la historia?
Estas propuestas pueden convertirse en proyectos de escritura, actividades de lectura comparada o propuestas para trabajar vocabulario, personajes, escenarios y estructuras narrativas en inglés. Una versión tradicional puede ser el punto de partida para crear una nueva historia, escribir un final diferente, trasladar el conflicto a otro contexto o incluso combinar elementos de distintos cuentos.
Los fairy tales ofrecen además una oportunidad para acercar a los alumnos a diferentes culturas y versiones de una misma historia. Comparar cómo se cuenta un relato en distintos lugares permite descubrir que las historias también viajan, se transforman y adquieren nuevos significados.
Cambian los libros, los lectores y las formas de contar, pero estas historias continúan invitándonos a entrar en bosques desconocidos, atravesar pruebas, imaginar mundos posibles y preguntarnos qué haríamos nosotros si, por un momento, todo fuera posible.
And so the story continues…