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Lo que las vacaciones pueden traer al aula

Todos conocemos la escena del primer día después del receso. De la curiosidad genuina de saber cómo transcurrieron estos dias para nuestros alumnos, surge la pregunta: ¿Qué hicieron en las vacaciones? Algunos alumnos levantan la mano para contar su viaje, otros hablan de una salida especial y muchos responden con un tímido "Nothing." En pocos minutos, la conversación termina y las clases siguen su curso.

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Sin embargo, las vacaciones suelen estar llenas de experiencias que pueden convertirse en excelentes disparadores para trabajar temas de todas las materias, pensamiento crítico, creatividad y construcción de comunidad. Más que preguntar qué hicieron, quizás el desafío sea ayudarlos a descubrir qué aprendieron, qué los sorprendió o qué les gustaría compartir con otros.

Y cuando hablamos de experiencias, no pensamos solamente en viajes. También puede ser el libro que finalmente tuvieron tiempo de leer, una película que los hizo pensar, una obra de teatro, una receta que cocinaron por primera vez, una tarde armando un rompecabezas con un abuelo, una serie que no podían dejar de mirar, un videojuego, una caminata, una visita a un museo, una historia que escucharon, una canción que descubrieron o simplemente una actividad distinta que rompió con la rutina. Las experiencias no son iguales para todos y, justamente por eso, todos pueden aportar algo diferente al aula.

No es casual que cada vez más instituciones culturales, bibliotecas y librerías, propongamos durante las vacaciones actividades gratuitas para chicos, familias y docentes. Más allá del entretenimiento, todas parten de una misma idea: ofrecer experiencias que despierten la curiosidad, acerquen a las personas a los libros y generen recuerdos que luego puedan convertirse en conversaciones y también en recursos para el aula.

Tal vez el primer paso sea cambiar la pregunta. En lugar de limitar la conversación a "¿Qué hicieron en las vacaciones?", podemos invitarlos a mirar esas experiencias desde otro lugar: ¿qué los sorprendió?, ¿qué aprendieron sin darse cuenta?, ¿qué los hizo reír?, ¿qué recomendarían a un compañero?, ¿qué volverían a hacer?

Cuando las preguntas cambian, también cambian las respuestas. Muchas veces dejan de ser un simple relato cronológico para convertirse en oportunidades para reflexionar, comparar, argumentar, describir, recomendar y escuchar a otros. En otras palabras, invitan a usar el idioma con un propósito auténtico.

Ese mismo punto de partida puede dar lugar a múltiples actividades en el aula. Una galería con el momento favorito de las vacaciones, un mural de recomendaciones de libros, películas o lugares para visitar, un Show & Tell con un objeto significativo, un Two Truths and a Lie – Holiday Edition o un "Top 5" de descubrimientos del receso son propuestas sencillas que permiten convertir las vivencias personales en oportunidades de aprendizaje compartido.

Las vacaciones terminan, pero las experiencias vuelven al aula con nuestros alumnos. Allí puede estar uno de los mejores recursos para comenzar esta segunda mitad del año, aprovechando todo aquello que ya vivieron para seguir aprendiendo juntos.